A Zidane le empezamos a ver en las ruedas de prensa. Luego en el abrigo, la elegancia. Después en la forma de mirar el fútbol. Zidane lo mira absorto, no se distrae. A veces parece un golfista. Hay un embargo de atención que es distinto, ya no mira la jugada como cuando era jugador. La imagen la tenemos muy fresca y por eso sabemos que es, efectivamente, un entrenador. Se le mezcla con algún gesto de rabia, con algún arranque, pero en general se llega a poner muy serio, e incluso coloca las manos atrás con maneras de chambelán.

Se queda en la zona técnica como un estilita. Pocos correteos, autocontrol. Zidane parece que lleva mucho yoga dentro, mucho zen.

Y quizás ahora a Zidane le esté asomando otra cosa, definitiva. Le vimos un auténtico conocimiento del medio, del Madrid, en los mensajes de rueda de prensa, pero ahora empieza a asomar el fútbol.